postheadericon Avanza la siembra de maíz transgénico en México


La Sagarpa y la Semarnat dieron un paso más hacia el cultivo comercial de maíz transgénico en México, centro de origen y diversificación continua de este noble cultivo y uno de los tres principales alimentos de la humanidad, al autorizar su siembra en la fase piloto. Se trata de un acto sin precedente en el mundo, pues los países centro de origen del trigo y el arroz han evitado la siembra de variedades transgénicas de éstos en sus territorios.


Las autoridades mexicanas ya habían violado la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM) al permitir siembras de maíz transgénico en fase experimental en varios estados del norte a partir de 2009, en ausencia tanto de un verdadero Régimen de Protección Especial del Maíz –única salvaguarda efectiva prevista–, como de la determinación de los centros de origen y diversidad genética y de las normas oficiales mexicanas sobre transgénicos, condiciones marcadas por esa ley.


Hace unos cuantos días, el 8 de marzo, el gobierno federal otorgó el primer permiso para la siembra piloto de maíz genéticamente modificado en Tamaulipas, a pesar de que el 18 de enero la Sagarpa había negado a Monsanto tres permisos similares en Sinaloa. Cumpliendo el requisito de la etapa piloto, las corporaciones pasarán pronto a la fase comercial del cultivo transgénico, es decir, en grandes superficies.


La siembra piloto constituye, entonces, un paso más en la promoción del maíz transgénico en nuestro país, basada en ilegalidades y la violación de derechos individuales y colectivos, como ha quedado demostrado en numerosos amparos, recursos de revisión, denuncias, controversia constitucional y demás acciones legales emprendidas por organizaciones ambientalistas, campesinas, indígenas, de derechos humanos, comunidades y ciudadanos. Entre estas acciones en defensa del maíz nativo destaca la denuncia popular presentada ante la Profepa en 2010 a raíz de las solicitudes de siembra experimental de maíz transgénico, ante la cual esa dependencia se declaró incompetente.

Este camino de imposiciones comenzó con la publicación de la LBOGM, elaborada a modo de las corporaciones transnacionales agrobiotecnológicas y que pasó por encima del principio de precaución, de cumplimiento obligatorio para México por ser parte de convenios y tratados internacionales firmados por el gobierno y que exige prever, prevenir y atacar, en su fuente, las causas de reducción o pérdida de la diversidad biológica sin poder alegar la falta de pruebas científicas inequívocas como razón para aplazar la aplicación de medidas al respecto. Conviene precisar que las condiciones de protección se incluyeron en la ley sólo gracias a la presión de científicos, organizaciones campesinas y organismos civiles, y que, insistimos, se ha evadido su cumplimiento.

Ignorando las numerosas evidencias aportadas en los últimos años por destacados científicos de varios países, el gobierno insiste en arriesgar la preservación del germoplasma de tan importante planta para México y el mundo, a fin de atender los intereses de las transnacionales encabezadas por Monsanto y un reducido grupo de grandes productores asociados a ellas.

Estudios científicos han documentado los efectos negativos de los transgénicos en el ambiente y la salud humana y animal: 1) contaminación transgénica de maíces nativos o criollos en milpas de varios estados del sur y del norte de México; 2) contaminación transgénica de semillas híbridas vendidas como convencionales en Chihuahua; 3) aparición de malezas resistentes al glifosato (herbicida Roundup Ready vendido por Monsanto junto con sus semillas transgénicas resistentes a él) en Estados Unidos; 4) contaminación transgénica de parientes silvestres de canola en Estados Unidos; 5) daños del maíz Bt en insectos benéficos y microorganismos del suelo en Estados Unidos; 6) efectos mutagénicos del glifosato en anfibios en Argentina; 7) alteraciones fisiológicas en ratones alimentados con maíz Bt en Francia…

Las semillas transgénicas –patentadas, claro está, por las corporaciones– contaminarán progresiva e irremediablemente los campos mexicanos, arruinando los esfuerzos por conservar in situ las semillas originarias y obligando a productores grandes, medianos o pequeños a pagar regalías por el “uso” de los transgenes que se infiltren en sus cultivos, así sea en forma accidental; los que no acepten serán perseguidos por la “policía genética” de Monsanto (como ya sucede en Estados Unidos, Canadá y otros países).


Ultima actualización (Martes 03 de Mayo de 2011 10:03)

 
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