postheadericon POR LA RECONSTRUCCIÓN DE LA BASE NATURAL Y SOCIAL DE LA VIDA

El 22 de septiembre fueron entregados los Premios Compartir 2014

a Melel Xojobal, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez,

La Casa del Voluntario de Chihuahua, María Elena Morera Mitre y el GEA.

Allí, nuestra compañera Cati Marielle pronunció, a nombre de

quienes integramos el GEA, las siguientes palabras.

 

Gracias a Compartir Fundación Social por su sostenida iniciativa de apoyar con sus premios a quienes acompañamos a grupos y comunidades en su búsqueda de mejores condiciones de vida para todos.

Gracias al jurado por su generosidad al considerarnos merecedores del premio.

Gracias a todas las personas presentes por acompañarnos cálidamente a los ganadores y felicitaciones a todos ellos por su empeño.

Felicitaciones a todas las comunidades con las que caminamos, a nuestros colaboradores y a las promotoras y promotores campesinos que entregan su esfuerzo y sus ánimos en estos caminos.

Gracias a las instituciones que contribuyen a sostener nuestro empeño, en especial, en lo que se refiere a este premio, a la Fundación Gonzalo Río Arronte por el proyecto Agua compartida para todos y a Pan para el Mundo-EED por la agroecología y la organización comunitaria del territorio.

Gracias a las personas que escribieron sus valiosos testimonios sobre nuestra trayectoria.

Cuando en 1977 formalizamos el GEA, las “organizaciones de la sociedad civil” se contaban con los dedos de las manos; la palabra “ambiental” apenas abría su camino… Entonces iniciamos un trabajo ininterrumpido, enriquecido por la vida de muchas personas. Del Maestro Efraím Hernández Xolocotzi aprendimos que los campesinos atesoran, enriquecen y actualizan minuciosos conocimientos sobre muy diversos y complejos entornos; que experimentan y transmiten sus saberes de generación en generación; que esto se potencia con el diálogo profundo entre el saber campesino y el científico.

Nuestra hermana y compañera Jasmín Aguilar nos marcó con su entusiasmo, su rebeldía. Juntos aprendimos a cuestionar lo que está mal, con base en datos sólidos, a siempre ir más allá de lo aparente y a ganar la credibilidad con hechos concretos.

Numerosos campesinos nos han otorgado su confianza para intercambiar conocimientos, esfuerzos, aspiraciones, logros, errores… y así han dejado su huella en nosotros.

Hemos procurado entendernos como compañeros de las personas con las que trabajamos. Por ello, en la búsqueda de alternativas, hemos ofrecido nuestros métodos y percepciones, y escuchamos y aprendemos constantemente de sus saberes, habilidades y sueños. Trabajamos al mismo tiempo en el campo de las ideas y en el de la acción. El camino ha dado frutos: montes, barrancas y manantiales recuperados; suelos restaurados, más fértiles y sanos; terrenos y plantas más resistentes ante los embates del clima; semillas nativas y comidas tradicionales revaloradas, rescatadas; comunidades fortaleciendo sus capacidades, instituciones, normas y acuerdos, organizando sus territorios; mujeres que participan en las decisiones comunitarias; niños, niñas y jóvenes que recobran el cariño hacia su terruño…

En nuestro andar hemos compartido triunfos. Entre los últimos, junto con abogados, científicos, campesinos, ambientalistas y defensores de derechos humanos, hemos detenido legalmente la siembra de maíz transgénico en México.

También hemos sufrido derrotas. Desde el giro de la política nacional hacia el neoliberalismo en los ochenta, la agricultura familiar y campesina, la soberanía alimentaria, la propiedad social de la tierra y el manejo de bosques y selvas por indígenas y campesinos vienen siendo crecientemente relegados, mientras se privilegia la agricultura de exportación, la compra masiva de alimentos al exterior, la privatización de las tierras, la explotación minera que devasta la naturaleza… Las reformas estructurales actuales ahondan el despojo de los bienes comunes, el agua, la biodiversidad, las semillas, los territorios, las culturas, los derechos individuales y colectivos, la salud, las esperanzas de nuestros pueblos.

Sabemos que solos no podemos cambiar ese rumbo de destrucción, pero muchas pequeñas acciones, personales y colectivas, abonan a la reconstrucción de la base natural y social de la vida y de los tejidos sociales.

En las comunidades persisten prácticas, conocimientos y cosmovisiones imprescindibles para revertir la crisis ambiental sin precedentes de nuestro planeta, así como invaluables reservas de humanidad, principios de respeto, generosidad, responsabilidad transgeneracional y comunalidad, indispensables para avanzar hacia un país con justicia, equidad, paz y dignidad para todos y todas.

 

Ultima actualización (Martes 28 de Octubre de 2014 00:12)

 
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