postheadericon La utopía campesina

Milton Gabriel Hernández García, investigador del Instituto

Nacional de Antropología e Historia y amigo del GEA, coeditó el

número de junio de La Jornada del Campo, dedicado a Tlaxcala.

Con su autorización, les ofrecemos el artículo del propio Milton,

que señala el territorio rural tlaxcalteca como "la sede de la génesis

y el desarrollo de un importante movimiento agroecológico que está

desafiando el modelo dominante en el mundo rural".


En 1974, Hugo Nutini, un antropólogo tristemente célebre por haber sido parte del Proyecto Camelot en Chile, pronosticó que las comunidades rurales de Tlaxcala se convertirían en mestizas en menos de 15 años, perdiendo centralidad la organización social, el sistema de mayordomías y el culto a los antos, y que el proceso de urbanización y proletarización avanzaría hasta hacer desaparecer al campesinado. De esta manera, se doblegarían los "últimos bastiones de la resistencia tradicional".

Aun cuando son relativamente acertados ciertos elementos de este pronóstico, luego de 42 años podemos alegrarnos de que las ciencias sociales no siempre son buenas profetas. No sólo no ha desaparecido el campesinado, sino que, junto con la persistencia civilizatoria de los rurales de raigambre ancestral, en las décadas recientes se han experimentado nuevas formas de ser campesino, de revalorar el trabajo en la parcela y de construir alternativas de producción sin comprometer los cada vez más escasos recursos para las "generaciones que vienen detrás".

Pero no sólo el trabajo estrictamente agrícola persiste. Muchas actividades campesinas han mantenido una continuidad impresionante en el tiempo, como el aprovechamiento del tequexquite, una sal mineral que surge en invierno a partir del proceso de sedimentación de la ribera de la laguna de El Carmen y en los humedales de Santa Ana Napalucan. El saber ancestral de los tequexquiteros les permite realizar la recolección y producción como lo hicieron sus antepasados. Este mineral ha tenido un papel importantísimo en la historia tlaxcalteca, pues se ha utilizado como sal y ha formado parte de la dieta tradicional campesina. Aprovechado desde tiempos prehispánicos, en la actualidad sigue siendo de vital importancia para muchas familias. Para obtener el tequexquite se irrigan los terrenos y se remueve la tierra, hasta que éste aflora. En los terrenos en los que se obtiene sigue habiendo una fuerte presencia de especies como el tule, los acociles, peces, las ranas y aves migratorias que llegan a reproducirse en los tulares y en las zanjas o bordos de los humedales (Hernández Rojas, 2015).

Ampliamente conocida es la presencia de Tlaxcala en un sinfín de ferias a lo largo y ancho del país en las que se vende el conocido "pan de fiesta", elaborado en las comunidades de San Juan Huactzingo y San Juan Totolac. Los dos sanjuanes empezaron a producir y comercializar pan ante la insuficiencia de tierras para sobrevivir únicamente de la agricultura. Esta tradición implica la conjunción de elementos identitarios, de parentesco y de transmisión intergeneracional de los saberes familiares.

Pero además de la vigencia de un modo de vida basado en la comunidad campesina, en Tlaxcala podemos ubicar uno de los epicentros del movimiento agroecológico nacional y latinoamericano. Es precisamente en el municipio de Españita donde, desde la década de los setenta, el Grupo Campesino Vicente Guerrero (GVG) se ha convertido en un referente importante en la promoción y defensa de la agricultura campesina sostenible, de la milpa y del maíz nativo. A lo largo de los años, esta organización ha ido ampliando su presencia territorial hacia los municipios de Nanacamilpa, Ixtacuixtla, Tlahuapan, Tepetitla e Ixtenco, entre las formaciones montañosas de la Sierra Nevada Popocatépetl-Iztaccíhuatl y al pie de La Malinche.

El surgimiento del GVG fue una respuesta para enfrentar las problemáticas que en aquellos años experimentaba el campesinado de la región, descendiente de la generación que había luchado por la tierra en los tiempos cardenistas. La “revolución verde” se había iniciado en la región Puebla-Tlaxcala en los años sesenta y principios de los setenta, implementando el uso de energía fósil, semillas híbridas, uso intensivo de agroquímicos, mecanización del proceso productivo con tractores y arados profundos, así como el uso de riego. La erosión producida por esta revolución agrícola se sumó a la histórica pérdida de suelo que era notable a simple vista en el paisaje regional. Con la organización campesina se buscaba hacer frente a la precariedad productiva y a la pobreza que caracterizaba a la región en aquellos tiempos.

A partir de la revaloración de las semillas nativas de maíz y de los trabajos parcelarios para devolver al suelo la fertilidad perdida, los integrantes del Grupo decidieron no sembrar semillas híbridas o mejoradas de maíz ni utilizar agroquímicos, a pesar de que eran promovidos por los extensionistas por su capacidad para generar un alto rendimiento. Contrario a lo que pudiera pensarse, con la producción de maíz con semillas nativas, la utilización de abonos orgánicos y el trabajo cotidiano para recuperar suelo, la producción empezó a incrementarse progresivamente. En 20 años la producción de maíz pasó “de 400 o 500 kilos hasta cuatro o cinco toneladas de maíz por hectárea que se dan ahorita”.

El GVG ha desarrollado acciones agroecológicas y políticas desde los ochenta para combatir la degradación de los agroecosistemas. Ha mantenido un fuerte rechazo a la entrada de insumos industriales como fertilizantes, herbicidas e insecticidas, al mismo tiempo que promueve la introducción de nuevas tecnologías agroecológicas, materializadas en huertos biointensivos, en la restauración y conservación de suelos, en el manejo integrado de cuencas y en otras acciones como la conservación de cuerpos de agua, rotación y asociación de cultivos, técnicas para la nivelación de suelos, empleo de terrazas, utilización de abonos verdes y orgánicos, conservación y mejoramiento de semillas criollas frente a semillas híbridas trasnacionales, entre otras. De fundamental importancia ha sido su contribución práctica a la “soberanía alimentaria”, ya que el GVG es una de las organizaciones que ha promovido su inserción en la agenda de los actores sociales que se oponen a los efectos negativos de la “revolución verde” y de la introducción de biotecnología en la agricultura.

Otro de los aspectos importantes del trabajo del GVG es la perspectiva, el posicionamiento y las acciones desde un punto de vista campesino sobre problemáticas globales como el cambio climático, los efectos de la emisión de gases invernadero, la erosión de la biodiversidad y la pérdida de recursos naturales. Al respecto, una de las acciones concretas que empezó a realizar la organización desde 1986 es la designación de la Zona de Reserva Campesina “El Bautisterio”, en donde desarrollan proyectos de reforestación, captura de carbono y recarga de mantos acuíferos.
El GVG busca la innovación constante de estrategias para la custodia y defensa del maíz criollo a partir de mecanismos locales de fitomejoramiento, como la creación de los “fondos regionales de maíz nativo”. De esta manera, se han generado métodos campesinos para mejorar genéticamente las semillas nativas no sólo de maíz, sino de los elementos que componen a la milpa, como frijol, calabaza y chile, renunciando a las variedades mejoradas o híbridas que promueve el extensionismo rural convencional. A partir de la configuración de estas estrategias campesinas, el GVG se propone contribuir a evitar la erosión genética y fortalecer el acervo local-regional de semillas nativas, sobre todo en comunidades donde la diversidad no ha sido avasallada por la modernización agroindustrial.

Además de las acciones comunitarias, el GVG ha desarrollado estrategias de incidencia política, articulándose a las diferentes expresiones del movimiento en defensa del maíz criollo que en la década reciente ha tenido un importante crecimiento en México. Al respecto, ha sido vital su trabajo para que el Congreso del estado reconozca jurídicamente a Tlaxcala como “Centro de Origen y Diversificación Constante de Maíz”. En 2009 obtuvo el Premio a la Mejor Experiencia de Desarrollo Rural Sustentable que otorga la Asociación Mexicana de Estudios Rurales (AMER). Las ferias que organiza año con año cada vez cobran mayor fuerza. El 12 de marzo pasado organizaron la número 19, convocando a campesinos, organizaciones sociales y académicos que participaron en la exposición de producción agroecológica y en el concurso de comida tradicional tlaxcalteca basada en el sistema milpa. Este tipo de eventos se ha vuelto ya una tradición que irradia a otros municipios, como Ixtenco, en donde el 19 y 20 de marzo organizaron la Ngo r´o dethä (Feria del Maíz), en la que se realizó una fulgurante exposición de las variedades que “los campesinos y campesinas han resguardado y diversificado en el transcurso de cientos de años, haciendo de esta comunidad un santuario de los maíces de color”.

Otro importante proceso es el que podemos observar los días miércoles en Apizaco y los viernes en la ciudad capital, cuando se instala el colorido Mercado Alternativo de Tlaxcala, un espacio que los propios campesinos han logrado consolidar para comercializar sus productos agroecológicos de manera directa con los consumidores. Gracias al mercado, los campesinos han iniciado un enriquecedor proceso de diálogo que acerca al campo y a la ciudad, elimina el intermediarismo, ofrece alimentos sanos y sensibiliza a la población urbana sobre problemáticas socioambientales, soberanía alimentaria, salud comunitaria, cooperativismo, economía solidaria, comercio justo y consumo responsable, entre muchos otros principios en los que está inspirada esta gran experiencia que inició en julio de 2005.
En el mercado se ofrecen antojitos elaborados con los insumos que los mismos campesinos producen con prácticas agroecológicas: queso, nopales, lechugas, amaranto, miel, frutos de temporada, abonos orgánicos, pan integral, plantas medicinales y de ornato, pomadas de extractos de plantas, artesanías y muchos otros productos campesinos. Los y las integrantes del mercado alternativo se guían por valores como el respeto, la solidaridad, la equidad, el cuidado de la salud y del medio ambiente, la cultura y la identidad campesina, favoreciendo la transición de una agricultura convencional a una agricultura ecológica, libre de agrotóxicos.

Es el territorio rural tlaxcalteca la sede de la génesis y el desarrollo de un importante movimiento agroecológico que está desafiando el modelo dominante en el mundo rural, detonando importantes procesos comunitarios en defensa del maíz nativo, de la conservación de la agrobiodiversidad y las semillas, de la conservación y restauración de suelos, defensa del territorio, mercados alternativos, certificación orgánica participativa, etcétera.

El conjunto de experiencias que podemos caracterizar en este estado nos permiten entender la propuesta de importantes académicos como Víctor Manuel Toledo y Miguel Altieri, que han caracterizado a la agroecología como una ciencia, una práctica, un movimiento social y una forma de resistencia frente a modelos de desarrollo, abierta e implícitamente descampesinistas. El movimiento agroecológico tlaxcalteca es detonante de una multiplicidad de procesos sociales que se caracterizan no sólo por negar la tendencia dominante sino por crear alternativas desde el territorio comunitario, el diálogo de saberes, la construcción de una relación epistemológica simétrica, así como la búsqueda de una relación respetuosa con aquello que Occidente ha definido como “naturaleza”.

Ultima actualización (Martes 19 de Julio de 2016 06:01)

 
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